Responsabilidad Social de Papel (17 May 2012) PDF Imprimir Correo electrónico

diario16  

“Ganamos Justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria”
(Mahatma Gandhi)
Saúl Juárez trabajó 12 años para Antamina. A raíz de este trabajo se contaminó con metales pesados y empezó a presentar una serie de síntomas que afectaron su salud hasta terminar en un cáncer agresivo que lo imposibilita e incapacita para el trabajo.
La empresa, en vez de darle los cuidados y asistencia necesarios, al conocer su situación lo despide y argumenta que Saúl padece de sinusitis crónica y que la contaminación no la contrajo en su trabajo, sino que puede deberse a muchos factores, incluso hasta el uso de algún tipo de champú.
Argumentos ridículos obviamente. A nadie le extirpan la mitad del colon, ni lo someten a una docena de quimioterapias o tienen que retirarle el estómago para que pueda seguir viviendo porque se lava el cabello todos los días o porque estornuda a cada rato.
Acá existe una gran negligencia, una falta de sensibilidad y responsabilidad de parte de la empresa hacía su extrabajador. Para afirmar estos hechos nos basamos en evidencia médica real y determinante que prueba sin ninguna duda que Saúl está contaminado con cadmio, talio, arsénico y hasta uranio y nadie se contamina con este tipo de metales porque se quedó leyendo titulares en la avenida Abancay.
Está claro que ahora le toca a la empresa resarcir e indemnizar a Saúl de una manera digna y justa, reparar sus expectativas de vida y la de su familia, de su esposa y sus 3 hijos en edad escolar que no pueden ni deben ver truncada su esperanza de progreso por la indiferencia de algunos ejecutivos insensibles y torpes.
Estoy segura que esta posición indignante no debe ser de conocimiento de los altos directivos ni de la empresa matriz de Antamina. Debe tratarse de una estrategia mal dirigida por personal con lamentable indiferencia social y también con poco o bajo conocimiento de los temas médicos y legales. Los argumentos risibles que presentan no pueden llevarnos a otra conclusión.
Antamina debe cumplir con Saúl sin esperar el fallo judicial para resarcirlo del daño causado por culpa inexcusable de su negligencia. Saúl merece justicia pronta y nosotros seguiremos con él y su familia hasta el fin.
Hasta el próximo jueves.

“Ganamos Justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria"

(Mahatma Gandhi) 

Saúl Juárez trabajó 12 años para Antamina. A raíz de este trabajo se contaminó con metales pesados y empezó a presentar una serie de síntomas que afectaron su salud hasta terminar en un cáncer agresivo que lo imposibilita e incapacita para el trabajo. 

La empresa, en vez de darle los cuidados y asistencia necesarios, al conocer su situación lo despide y argumenta que Saúl padece de sinusitis crónica y que la contaminación no la contrajo en su trabajo, sino que puede deberse a muchos factores, incluso hasta el uso de algún tipo de champú. 

Argumentos ridículos obviamente. A nadie le extirpan la mitad del colon, ni lo someten a una docena de quimioterapias o tienen que retirarle el estómago para que pueda seguir viviendo porque se lava el cabello todos los días o porque estornuda a cada rato.

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Saúl Juárez trabajador de Antamina, denuncia que a raíz de su trabajo como minero se contaminó con metales pesados y ahora sufre de cáncer. La empresa, lejos de resarcirlo, lo despide y niega que su enfermedad se deba a su trabajo, a pesar de las pruebas médicas que prueban lo que Saúl sostiene.

 
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